Hace tan solo dos días mi pequeño bebé cumplió 23 meses. Siempre he oído que a partir de los dos años pasan de ser considerados bebés a ser niños. Para mí no, y creo que para ninguna madre. Mi pequeño sigue siendo mi bebé y creo que seguirá siéndolo siempre.
Es increíble lo rápido que pasa el tiempo, tanto que cuando veo un recién nacido me cuesta creer que algún día mi pequeño fue así. Pero sí, lo fue, y no hace mucho.
Dentro de nada estaremos celebrando el segundo cumpleaños de BebeFeliz, ahí es nada. Y desde que nació, o incluso antes, tengo el gusanillo de tener mi propio blog pero nunca encontraba el momento. Eso sí, durante todo este tiempo os he acompañado a muchas de vosotras en vuestra aventura de ser madres y, en algunos casos he vivido búsquedas, embarazos y partos. Así que, aunque no me conozcáis, para mí sois mi día a día y en muchas ocasiones habéis sido de gran ayuda. Y es que, no hay nada como leeros para darse cuenta de que una no es un bicho raro y que todo lo que te pasa a ti (tanto lo gratificante como lo que te supera) les pasa a todas las mamás.
Gracias por estar ahí durante estos dos primeros añoss, ¡poco a poco nos iremos conociendo!
Mamá de bebé feliz
viernes, 5 de octubre de 2012
lunes, 1 de octubre de 2012
Lo que nadie te cuenta
Nadie te cuenta que tu cuerpo
será una revolución de hormonas. Nadie te cuenta que tus primeras noches sin
dormir serán agotadoras. Nadie te cuenta que una cesárea duele tanto que no
solo no puedes hacer nada por ti misma, sino que cuando consigas ponerte en pie,
pasarás semanas andando encogida como si tuvieras 100 años. Nadie te cuenta que
habrá días en los que te quedarás dormida mientras le das el pecho y te
despertarás sin saber dónde estás, ni quién eres. Nadie te cuenta que durante
meses, salir a la calle será toda una aventura y una batalla contra el reloj.
Nadie te cuenta que tus duchas se convertirán en maratones y que se terminó
aquello de ponerse mascarilla, crema en el cuerpo o intentar depilarse, aunque
solo sea por vergüenza.
Luego el tiempo pasará, te acostumbrarás, y podrás
organizarte de manera que
puedas hacerlo todo, o casi todo. Pero entonces, nadie te habrá contado tampoco
que no podrás ir al baño sin tener a alguien colgado de tus piernas. Nadie te habrá
contado que tus duchas ahora serán maratones, no porque un niño llore o quiera
comer, sino porque habrá alguien intentando abrir la mampara para meterse
dentro, metiendo los chupetes en la escobilla del váter o tirándolos dentro de
él directamente. Nadie te habrá contado que será capaz de jugar solo de vez en
cuando, pero que lo que más le gusta es que juegues con él (aunque tú tengas
mil cosas por hacer y tengas que ingeniártelas para tener medio cuerpo en tus
cosas y el otro medio en sus juegos). E imagino, aunque aún no he pasado a esas
fases, que nadie te cuenta todo lo que vendrá después, colegios, problemas,
adolescencias…
Lo que todo el mundo te cuenta,
aunque no eres capaz de saber hasta qué punto será así, es que, cuando tengas a
tu hijo en brazos por primera vez, serás capaz amarlo por encima de todas las
cosas.
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